sábado, 18 de junio de 2016

EL PODER DE UN BESO

      
     Por probar, este relato ficticio lo envié al concurso de relatos escritos por personas mayores de la obra social de "la caixa", pero sin suerte. Otra vez será. De todas maneras, aquí lo tenéis para que lo leáis y, si os apetece, darme vuestra opinión sobre él. Como seréis muy complacientes, seguro que me diréis que el jurado de este concurso no ha sabido premiar a quien se lo merece.
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     ¿Quién no recuerda a lo largo de su vida, esa persona que por primera vez te causaba cierto hormigueo en el estómago cuando llegabas a verla y más si te acercabas a ella?  Pues bien, a mí todavía me resulta muy fácil poner cara y ojos a esa muchacha dulce, atractiva y encantadora por la que mi corazón latía con más fuerza solo con notar su presencia.

     ¿Qué si me gustaba Fátima? ¡Joder…! Pues claro que me gustaba. A mí, a todos mis amigos y a todo hijo de vecino que la viera. Estaba para comérsela: en pequeñas dosis o de un solo bocado. ¿Y cómo veía yo el poder ser el primero que le hincara el diente? Mal, muy mal. No estaba hecha la miel para la boca del asno. Se encontraba fuera de mi alcance y eso que vivía dos pisos por debajo del mío. Podía decirse que no tenía la planta necesaria para poder abordar a semejante belleza, pero no era el caso. El problema, no era ni más ni menos que Fátima picaba muy alto. Tan alto, que llegaba hasta el ático del edificio más emblemático del barrio. En él vivía Lucio, el hijo del dueño de ese inmueble y de bastantes más. ¿Quién podía competir con ese jodido gilipollas al que la bella y pretenciosa Fátima había puesto el ojo?

     Y es que lo tenía difícil si quería llevarme el gato al agua. Además, ese chulo de mierda, se vanagloriaba que tenía a Fátima en el bote, cuando ni siquiera había conseguido tocarla un dedo. Lo sabía yo y lo sabían todos mis amigos que para eso teníamos nuestras fuentes de información. La mejor de todas, la hermana gemela de uno de ellos. No se privaba de contar a su hermano todos los gustos y desvelos de sus amigas, entre ellas mi adorada Fátima. “Que si a Menchu le gustaba Raúl, que si Mari bebía los vientos por Miguel, que si Charo estaba loquita por Vicente…” ¿Y quién era el afortunado que estaba en el pensamiento de Fátima? Desde luego, no era yo. La suerte recaía en ese memo de Lucio. Y sí, no podía tener otro calificativo ese botarate. Mucha fachada y mucha chulería, pero nulo de intelecto. Se puede pensar que no era muy imparcial en catalogarlo y era la envidia la que me llevaba a etiquetarlo así. Aunque algo de eso había, no por ello dejaba de ser memo. A las pruebas me remito: por dos veces había tenido que repetir curso a lo largo del bachillerato y no sabía cómo podía estar compartiendo conmigo 2º curso de Bachiller Superior. Aunque no era mucho de extrañar; en algo tenía que valer la influencia de su padre con el profesorado y el deseo de que su hijo no saliera del instituto sin obtener la máxima titulación.

     Claro, que memo dejaba de serlo al salir de clase. Se convertía en el rey del mambo. Como moscardones tras la rica miel, acudían a él todos sus amigotes. No era para menos. Don dinero es muy poderoso y el simplón de Lucio lo tenía y lo hacía notar. Entre otras cosas, se podía permitir el lujo de organizar guateques y merendolas en una amplia terraza de su domicilio. Debía ser muy gratificante el piscolabis que obsequiaba, tanto a chicos como a chicas, y el poder escuchar, en ese ambiente, a los Beatles, los Brincos, los Sirex… y, cómo no, bailar al ritmo del twist o la Yenka; baile en boga en ese año de 1965. Digo debía ser gratificante, porque como os podéis imaginar, yo no estaba invitado a esas reuniones. No se podía decir que entre Lucio y yo hubiera buena armonía. Nos separaba un abismo y más sabiendo que las preferencias de Fátima estaban en su persona y no en la mía.

     Una tarde, saliendo de clase, me encaminé a reunirme con mis amigos, pero alguien se interpuso en mi camino. ¿Podéis imaginaros quién? Nada más y nada menos que Fátima y requería algo de mí. Raro…, raro… Pocas veces, por no decir ninguna, me había dirigido la palabra de forma tan directa y además, regalándome una bella sonrisa. ¿Qué quería para mostrarse tan amable?: ni más ni menos que formara parte de los actores que iban a representar una obra de teatro a final de curso. Los de la rama de letras, yo era de ciencias, habían formado un grupo para llevar a cabo un guion escrito por el profesor de literatura y necesitaban alguien en particular. Se trataba de una obra, tipo comedia, donde se representaba alguna de las andanzas del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. ¿Y qué les faltaba para recurrir a mí? El profesor había sugerido que debía encarnar ese papel un chico alto y delgado, y uno de los que reunía esas cualidades era yo. ¿Y en quién puso los ojos Fátima?, en el larguirucho y famélico vecino del cuarto. Acepté, claro que acepté y más sabiendo que el papel de la bella Dulcinea había recaído en ella. En quién si no.

     Me encontraba en una nube. Era yo y no otro el que iba a ser, aunque fuera en una obra de teatro, su amantísimo y valeroso hidalgo. El corazón se me iba a salir del pecho, pero claro, no podía ser otro que el memo de Lucio quien amargara mi gozo. Había visto mi animosa conversación mantenida con Fátima y enseguida se acercó a mí, arropado con esa cuadrilla de simplones amigotes, para dirigirme la palabra.

     -Tú, tipo listo –me dijo de forma chulesca-, no te hagas ilusiones y apuéstate lo que quieras a ver quien es el primero de los dos que llega a besarla.

     Le hubiera dado con gusto un mamporro, pero no tenía por qué medir mis fuerzas con él. Además, esos dos años que me pasaba en edad, se notaba. No en altura porque yo era más alto que él, pero mi delgadez era mucho más acusada y no se podía decir que saliera muy bien parado si llegáramos a las manos. Por si fuera poco, tenía alrededor a su panda. Me conformé con decirle de forma altiva:

     -¡Ya veremos!

     Una risotada es lo que produjo en Lucio mis palabras, pero ahí lo dejé. No merecía la pena gastar más tiempo con ese merluzo. Lo que me extrañaba era por qué sabía o intuía que yo estaba interesado por Fátima. ¿Tanto se me notaba? Nadie era conocedor de mi gusto por ella, pero pensándolo bien, era fácil que Lucio dedujera que yo pudiera estar interesado. ¿Quién del instituto no lo estaba?

      Ese “ya veremos” que dije a Lucio, no sabía por qué se me había ocurrido, pero me salió de dentro. ¿Qué se creía ese mequetrefe? Si a él y a sus padres les sobraba dinero para obtener lo que se les antojase, a mí me sobraba ingenio para desbaratar sus planes. Bueno, más bien los planes del hijo. A más no podían llegar mis propósitos. Algo se me ocurriría. Y tenía que ser pronto. Para todos que oyeron mis palabras, sonaron como una aceptación a su fanfarrona apuesta.

     Por de pronto, fui aceptado para el papel de don Quijote y de momento, formaba pareja con la dulce Dulcinea. La obra, en efecto, era una versión muy libre de las andanzas y desventuras de don Quijote. El profesor de literatura, además de ser el autor, se encargó de la dirección e hizo que no se extendiera demasiado en el tiempo. En cuarenta y cinco minutos quedaba finiquitada. Tampoco era muy compleja. Los textos eran sencillos y fáciles de memorizar. Lo más importante quedaba para el final. Dulcinea, tras ser rescatada de un villano por el intrépido y valeroso don Quijote, se acerca hacia él, y diciéndole: “¡Eres mi adorable hidalgo!”, le debe propinar un cálido y dulce beso.

     ¡Cómo esperaba poder ensayar ese final! Pero para nada recibí en los ensayos de la obra, ese cálido y dulce beso. Fátima aludió que no era necesario; me lo daría el día de la representación. Por si acaso me hacía ilusiones, matizó que sería en la mejilla.

     Eran otros tiempos. Si era difícil conseguir que una chica aceptase tu mano cuando te atrevías a tocársela en el cine, aprovechando la oscuridad, qué decir para obtener de ella un beso. ¿Quién lo lograba? Yo no entraba en esos. Tampoco lo había intentado ni me había surgido la ocasión. A lo sumo, puedo decir a mi favor que en mi primer intento de tocar la mano de una chica en el cine, no hubo rechazo. Lástima que no fuera la de Fátima.    

     Llegó el día esperado de la representación. Pocos minutos faltaban para salir a escena y los nervios de los actores estaban a flor de piel. Yo también tenía los míos, pero mi pensamiento se centraba en el final de la obra. Puedo decir que mis compañeros cumplieron bien con el papel encomendado y si hubo algún fallo no fue advertido por el público presente. Público, que llenaba por completo el salón de actos del instituto.

     ¿Y yo cómo me desenvolví? Bien, creo, pero a medida que se acercaba el final, me entraba un desasosiego que no lo podía aguantar. ¿Me atrevería a poner en práctica lo que tenía pensado? Y me atreví. ¡Vaya si me atreví! Tras las palabras de Dulcinea al intrépido y valeroso don Quijote, llegaba el momento cumbre: dar a su salvador ese cálido y dulce beso. Y ahí estaba yo, esperando que Dulcinea se alzara un poco para llegar su boca a la altura de mi mejilla y darme ese beso.

     ¡Prodigioso…! En lugar de recibir mi mejilla ese cálido y dulce beso, fue mi boca quien lo recibió. ¿Fue Fátima la que en un momento de euforia decidió cambiar el rumbo de su beso? Nada de eso. El giro repentino que hice dar a mi cara, fue el motivo para que sus labios se posaran en los míos. La sorpresa de Fátima fue mayúscula. Tardó en reaccionar, y mejor que no lo hubiera hecho, porque la bofetada que me arreó fue de aúpa. Salvo los intérpretes de la obra, nadie de los asistentes al acto vio el tremendo bofetón que recibí. El cierre del telón, por parte del director, fue muy oportuno. Eso sí, el público de las primeras filas bien pudo escuchar el claro sonido del formidable sopapo.

      Dolió, claro que dolió recibir semejante mamporro, pero la satisfacción de haber logrado mi propósito era tan grande, que paliaba totalmente ese dolor. Nadie podía decir que Fátima no se había besado con Pablo. Luego vendría si fue en contra de su voluntad o no, pero el hecho ahí quedaba. ¿Qué cara se le puso al simplón y memo de Lucio? Lo podéis imaginar. Él y los simplones amigotes, formaban parte del público presente y, como todos, pudieron ver la unión de los labios de Fátima con los míos. Además, el público se lo pasó pipa con la obra, prueba de ello, los aplausos y aclamaciones que recibimos obligándonos a salir de nuevo al escenario para saludar. Algún gracioso aprovechó para vociferar: ¡Que se besen otra vez Dulcinea y el Quijote! Para besos estaba Dulcinea. Si en esos momentos hubiera tenido en sus manos la espada del villano que la secuestró, seguro que me hubiera atravesado con ella.

     No me arrepentí, y sigo sin arrepentirme de haber osado ese día en poner mis labios en los de Fátima.
                                                       
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      -¡Pablo, cariño! ¿Puedes dejar el ordenador y venir a la mesa?
     Es la voz de Fátima que requiere mi presencia en el comedor. Hoy nuestros nietos comparten nuestra mesa.     
                                                      
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miércoles, 18 de mayo de 2016

SIEMPRE CONMIGO



No voy a emular a Francisco Umbral diciendo: "Yo he venido aquí a hablar de mi libro"; pero como creo que nadie me puede impedir que escriba lo que me venga en gana, siempre con cierta prudencia, voy a recrearme escribiendo unas lineas de este, mi tercer libro. Y es que parece mentira... Me pongo a pensar, y quién me iba a decir a mí que me iba a meter en estos berenjenales, y más, estando jubilado. Pero bueno, de algo tiene que servir el apostillar este blog como "Jubilarse y rejuvenecer", aunque no soy tan ingenuo como para creer que los años no pasan en balde. En fin, que se le va a hacer, no podemos poner freno al paso del tiempo, pero podemos hacer con él algo que nos haga sentirnos vivos o por lo menos, creer que estamos presentes en este mundo. ¡Ya estoy divagando...! ¿Será la edad?
A lo que iba, que se me va el santo al cielo. ¿De qué va este tercer libro? Pues a eso vamos. Así como en el primero, "Luces de Barcelona" me ayudé con tintes algo biográficos y en el segundo, "Doble Causa", me resultó fácil desarrollar la trama en un pueblo de sobras bien conocido; en este tercero, "Siempre conmigo", no hay nada que me relacione con el personaje; ni en lo personal ni en población. Eso sí, he puesto en él toda mi imaginación y empeño para que resulte una historia entrañable y conmovedora, donde el protagonista pasa por una serie de vivencias increíbles y apasionantes. Y es que su vida no es sencilla: la perdida de su ser más querido a temprana edad, es el comienzo para que se vea envuelto en otro triste desenlace del que tiene que pagar las consecuencias. Afrontar este revés y otros que le van surgiendo, no le resulta fácil. El recuerdo permanente de la figura de su madre le ayuda para ir sobreponiéndose e intentar alcanzar su gran objetivo. Es esta constante evocación a ese ser tan querido lo que da pie para que esta novela tenga por título: "Siempre conmigo".




Bien, el libro ya está impreso y llega lo más complejo: ponerlo a disposición de los lectores que tengan a bien adquirirlo. Ya sé que las editoriales más prestigiosas desearían poder conseguir los derechos para su publicación, pero no les voy a dar ese gusto. No quiero que lo conviertan en el best seller más vendido del año. Alteraría mi ego y ya lo tengo lo suficientemente subido. Solo lo ofreceré a mis amistades y a personas afines. 
Y cómo la montaña no viene a mahoma, una posibilidad de dar a conocer el libro, aparte del boca a boca, es encontrar algún lugar adecuado donde presentarlo y como no, un buen recinto no podía ser otro que el Centro Cultural del barrio donde resido. 
Dicho y hecho. Desde aquí doy las gracias a este centro por dar su aprobación para realizar el evento y a todos los asistentes por honrarme con su presencia. 
Adjunto un montaje con fotos de la presentación, que un buen amigo ha tenido a bien realizar, en las que incluye algunas que estoy presente en la feria del libro de L'Hospitalet. Esta oportunidad de firmar libros en el día de Sant Jordi, me la brindó la alcaldesa de la ciudad. La tarde en la que presentaba mi libro, se personó en el Centro Cultural por otro motivo ajeno a la presentación, pero dio pie a saludarnos y ofrecerme la posibilidad de formar parte en el stand de las bibliotecas de L'Hospitalet y ahí estuve. Le agradezco sinceramente esta invitación, pero claro, necesitaba alguien importante, como yo, para dar mayor realce al stand y a la feria.






Pedanterías aparte, ¿qué me resta decir? Solamente una cosa: si no queréis perderos el poder pasar unos momentos emocionantes y conmovedores con su lectura, no dudéis en adquirirlo. Para ello, poneros en contacto conmigo y muy gustosamente os haré entrega del mismo con la consiguiente dedicatoria. 
Este es el correo al que os podéis dirigir: antonio.gil@hotmail.com

Saludos
Antonio

















sábado, 12 de marzo de 2016

¿Dónde nos quieren llevar?


   
     No llego a comprender, o sí, todo este circo que nos tienen montado todos estos políticos de baja monta.
     Me hace gracia, o más bien me cabrea, que nos tomen por imbéciles. ¿Si se les llena la boca de agua diciendo que buscan el bienestar de todos los ciudadanos, a qué esperan? Sean representantes de la derecha, izquierda, extremista o de cualquier otro signo, a la gran mayoría nos importa ya un carajo su tendencia. Lo único que deseamos es que se dejen de pamplinas, no mareen la perdiz y sea quien sea, se ponga en marcha, gobierne bien y administre mejor. Pero no solo para unos pocos, sino para todos.
     Muchos de nosotros hemos vivido ese tiempo en el que primaban nuestros ideales para elegir el partido que más estuviera de acorde con nuestro pensamiento, pero creo que muchos, o por lo menos yo, estamos desencantados de cómo han ejercido ese ganado poder político. Lo único que deseamos, ahora, es que los que gobiernen sean unos buenos profesionales que sepan dirigir el país con buen criterio y ni que decir, con total honradez.
     Hay otra cosa que me llama la atención de la política. Mucho oigo decir que estamos desbordados de políticos, que sobra el senado y también las diputaciones. ¿Y los miembros que llenan el congreso de los diputados? Ya me explicareis para que sirven 350 congresistas si todos siguen las directrices de su partido. ¿Para aplaudir las ocurrencias e ironías de su portavoz? Como se suele decir: “para ese viaje no se necesitan alforjas”. Creo que las decisiones a tomar con solo reunirse un representante de cada partido, llevando consigo la fuerza del porcentaje asignado por las urnas, ya es más que suficiente. Este diputado, o llámese como se quiera, que represente a su partido, sabe de antemano que debe defender, ante lo que se vaya a debatir, y que posibilidades tiene para que su alternativa sea la que prevalezca.
      

viernes, 18 de diciembre de 2015

EL MIRÓN




          Una de mis distracciones favoritas es ponerme frente al ordenador, visualizar el correo y dar un repaso por los distintos periódicos para ponerme al corriente de las noticias. Aunque desgraciadamente, poco varían de un día para otro. Estas, se repiten un día sí y otro también, como: un nuevo caso de corrupción; un horripilante ataque hiyadista; un político que se defiende con un “y tú más”; y no es que refieran al presidente en funciones de Catalunya, que esta es otra… En fin, a lo que voy, mi vista no suele perder detalle de todo lo que esa pantalla se digna a ofrecerme. Pero algo, en este hábito, cambió.

     Sí sigo sentado frente al ordenador, pero mi vista ya no está tan pendiente de la pantalla, va más allá. Y cuando digo más allá, me refiero a que traspasa la ventana de la habitación donde me encuentro y se centra en el edificio que tengo al otro lado de la calle. Una calle estrecha, por lo que es fácil visualizar las personas que lo habitan y sus movimientos, eso, si las ventanas de sus pisos no tienen echadas las cortinas, y más, si permanecen abiertas.  

     Pues bien, ¿por qué la pantalla del ordenador ya no es el centro de mis miradas?; porque es más interesante observar lo que acontece en ese edificio de enfrente. La interpretación de lo que veo, lo dejo al libre albedrío de mi mente. 

     Me he convertido en un simple mirón, para pasar en ciertos momentos a ser un auténtico voyeur. Este proceder, me recordó, en parte, a la película de Albert Hitchcotck “la ventana indiscreta”. Como podréis recordar, el protagonista (James Stewart), se ve obligado a permanecer en reposo, en una silla de ruedas, con una pierna escayolada. Para distraerse, se dedica a observar, desde la ventana de su apartamento, a las personas que ocupan las viviendas de enfrente. Su curiosidad llega a tal extremo, que se hace valer hasta de unos prismáticos para ampliar y acercar más los personajes a los que observa. No sigo con el comentario, por si alguien que no haya visto la película, tiene interés en visualizarla.  Solo mencionar que al igual que el protagonista, yo también me he hecho valer de unos prismáticos.

     El que ahora me haya centrado en observar el edificio de enfrente, no quiere decir que antes no hubiera echado alguna miradita a las gentes que lo habitaban, pero llegó a carecer de interés para mí. Unos niños que traían de cabeza a su madre, eso en el primero; en el segundo, una señora viuda, entrada en años, que se pasaba horas y horas frente al televisor; el tercero, llevaba tiempo sin habitar, por lo que la vista directamente pasaba al cuarto y este, era ocupado por un matrimonio de edad avanzada, cuyo comportamiento no difería del acostumbrado en cónyuges de esas edades. Desde mi posición, mi vista tenía acceso a ver de ese edificio, el salón y una habitación. Siempre y cuando, como digo, no tuvieran echadas las cortinas ni las persianas.

     Bien, como podéis imaginar, ante esta panorámica que apreciaba desde el cuarto piso, de los cinco que componían el bloque en el que yo habitaba, dejó claramente de ser un entretenimiento. No tenía ningún aliciente ir observando el comportamiento de esas personas, pero algo sucedió que hizo cambiar este criterio. Y eso ocurrió, al llegar a mis oídos el ruido de unas persianas. Ese día, tenía mi ventana completamente abierta y cualquier ruido externo muy bien podía llegar a escuchar.

     ¿Qué hizo acaparar mi atención? Simplemente ver quien era la persona que hizo levantar la persiana de ese tercer piso que tanto tiempo llevaba bajada. Mi curiosidad aumentó, cuando se abrió la puerta corredera del salón y ese alguien, se asomó al balcón. No era ni más ni menos que la figura de una mujer, y qué mujer. Francamente, sus formas estaban pero que muy bien definidas. Lucía un pantalón vaquero muy ajustado y una blusa bastante ceñida a su cuerpo. No le vi bien la cara ya que su mirada era dirigida hacia la calle, pero no aparentaba ser mayor, ni excesivamente joven. Calculé que tendría alrededor de los treinta y cinco años. No me dio tiempo para más, porque inmediatamente dejó el balcón para entrar en el piso. Todavía pude distinguirla algo más al subir la persiana de la habitación y abrir la ventana.  En esta ocasión no llego a asomarse. Simplemente dejó la ventana abierta y observé como abría una maleta colocada encima de la cama,  sacando la ropa que contenía e ir colocándola en el armario de la habitación.

     Esperaba la presencia de un hombre en ese piso, pero no se produjo. Ni ese día, ni en días sucesivos. Me extrañaba que esa mujer con un cuerpo tan espléndido y espectacular como el que tenía, careciera de visitas masculinas. De lo que no escaseaba era de mis miradas, hasta tal punto que recurrí a unos prismáticos que tenía guardados y casi olvidados, pero que aparecieron para poder contemplar mejor y más de cerca, a esa fascinante mujer.

     Y digo fascinante, por poner un apelativo, porque se le podía aplicar cualquier posible excelencia que a uno se le pudiera ocurrir. Había conseguido verla, a través de la ventana de su habitación, casi desnuda, por no decir totalmente. Bueno, bueno… Si vestida se vislumbraba que poseía un cuerpo envidiable, no os podéis imaginar sin ropa.

     Miraba y miraba a esa mujer, hasta el punto de llegar a ser obsesiva mi conducta y no digo nada de lo que pasaba por mi mente. Eso sí, procuraba que ella no advirtiese que la estuviera mirando, aunque algunas veces, veía como su vista se alzaba hacia nuestro edificio. Pensaba que no llegaba a  verme, y si así fuera, ¿qué pasaría?

     Siguiendo con mi acecho, un buen día que ella salió al balcón, como tantos otros días, sus ojos se dirigieron hacia mi bloque. Me pilló desprevenido y ese día, si no lo había advertido antes, estaba claro que vio como la observaba. Una agitación nerviosa me entró. Creí que ahí se acababa el placer de contemplarla y de dar rienda suelta a esos pensamientos indecorosos que invadían mi mente calenturienta. Pero lejos de mostrarse ofendida por fijar mis ojos en ella, una sonrisa apareció en su rostro y de su boca partieron unas palabras que no pude oír ni descifrar. Sí que pude advertir un gesto y, si no lo interpretaba mal, era una clara invitación para que fuera a su piso.

      No duró mucho la estancia de esa imponente mujer en el balcón. Enseguida se introdujo en el salón y a mí me dejó atónito y perplejo. ¿En verdad esa mujer, por la que suspiraba, me había incitado a acudir a sus aposentos?  

     Estuve un tiempo que no salía del asombro y desconcierto. No me lo podía creer. Mi mente parecía estallar y mi corazón latía con tal fuerza que daba la sensación de querer salirse del pecho. Pero, por lo que intuí, estaba todo muy claro. Debía lanzarme en picado y caer en los encantadores brazos de esa mujer.
     
     Estaba dispuesto a presentarme en ese alojamiento donde me esperaba un pedazo de cielo, por no decir el paraíso, pero antes, quise despedirme de haber sido un vulgar mirón. Para ello, debía rendir un homenaje a esos benditos ventanales, echándoles una última ojeada.

     ¡Coño! Fue la primera palabra que acudió a mi boca. Mis ojos se negaban a ver lo que sucedía en el salón de esa mujer, por la que mi cuerpo y mi mente se encontraban tan alterados. Fue como si se hubiera producido un cataclismo. Dos mujeres se encontraban abrazadas sin dejar de besarse y no precisamente en las mejillas. Sus labios se fundían en apasionados besos.
    
     Aprecié con claridad que una de ellas era la mujer por la que tanto suspiraba, ¿y quién era la otra? Eché mano a los prismáticos y, ¡mierda!, pude reconocer quien la acompañaba. Aparte de salir de mi boca la expresión referida, bastantes más improperios y maldiciones, escupí. Algunos, fueron dedicados a esas dos mujeres, pero el resto, y hubo muchos, los destiné hacia mi persona, por fisgón, gilipollas y tonto del culo.

     No era para menos. La intrusa que ocupaba ese lugar, por el que yo suspiraba hasta ese momento, era una persona conocida. Tan conocida que se trataba de la ocupante del piso superior al mío. Era ella, y solo ella, maldita sea, la destinataria de esas sonrisas, de esas palabras y de esos gestos. Sencillamente, no era otra que: “la lesbiana del quinto”.

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sábado, 10 de octubre de 2015

REGRESO


     
     Hola de nuevo, mis queridos lectores. Llevo más de dos años sin escribir una sola línea en este blog y va siendo hora que me digne ha seguir plasmando algún que otro escrito. Y como nunca es tarde si la dicha es buena, quiero narrar en él una serie de relatos cortos e imaginativos, que sirvan de entretenimiento para todo el que esté interesado en leerlos. El primero ya lo tengo casi a punto y en breve procederé a su publicación.

     Aprovechando esta entrada, me vais a permitir que haga mención a algo importante para mí, en lo que respecta a la escritura, y que llámese por vagancia o por cualquier otro motivo, el caso es que este hecho se quedó en el baúl de los recuerdos. Me refiero a la presentación, el año pasado,  de mi segundo libro “Doble Causa”. Tuve a bien presentarlo  tanto en el barrio donde vivo, Santa Eulalia, como en mi pueblo, Corella, y también en el pueblo de mi mujer, Cuellar. Fue una de esas vivencias que te llenan de satisfacción y desde aquí quiero dar de nuevo las gracias a todos los que me acompañaron en ese evento. 

     Gracias por asistir y gracias por adquirir el libro. Si además, su lectura,  ha servido para pasar un rato entretenido, doble motivo para estar más que satisfecho. 

        Saludos


   Presentación en el barrio de Santa Eulalia de L'Hospitalet              (Barcelona)      
     



Presentación en Corella (Navarra)




Presentación en Cuellar (Segovia)






    

jueves, 4 de julio de 2013

OBRA DE TEATRO



     Al fin llegó la representación

    Como había anunciado en mi anterior entrada, el seis de Junio el Centro Cultural Santa Eulalia tuvo a bien de acogernos para presentar la comedia que entre todos los compañeros pintores, hemos tenido el gusto de escenificar.
     Desde aquí aplaudir la voluntad y el esfuerzo que ha supuesto para todos los participantes en este evento, para conmemorar el 25 aniversario del colectivo de pintores de Santa Eulalia.
     Por mi parte, decir que ha sido una experiencia nueva en la que como guionista y director me daba la sensación que era para lo que había nacido. Si me lo hubiera propuesto antes, el Goya y el Oscar hubieran figurado en mi palmarés. 
     Bromas aparte, solo apuntar que no ha sido fácil el poder llevar a cabo la representación de la obra. Por una parte, debido a que los ensayos no se podían realizar en el escenario más adecuado. Solamente cuatro días pudimos disponer del escenario del Centro Cultural. Por otra parte, pocas veces hubo un ensayo con todos los componentes. Algunos de los integrantes debía de efectuar el papel del ausente y eso motivaba algún que otro despiste. 
     Pero bueno, la obra se llevó acabo y todos nos sentimos muy satisfechos de lo realizado. Como no, el nerviosismo estuvo presente y sobrevino algún que otro lapsus, pero que muy bien se supo solucionar.
     Enhorabuena mis queridos pintores convertidos en consumados actores. 

    Por si alguien quiere ver la obra de teatro y disfrutar, no tiene nada mas que pinchar en estos dos vídeos adjuntos, que un miembro del colectivo de pintores se dignó en inmortalizar. ¡Ah!, solamente decir para los no catalanoparlantes, que salvo las primeras frases, la comedia es en castellano.



Parte 1



Parte 2













jueves, 16 de mayo de 2013

LLEGÓ EL DÍA


   ¡Qué vida tan ajetreada esto de ser jubilado! ¡Esto es un sin vivir!

     Entre gimnasio; pintura; caminadas; celebraciones; viajes y un sin fin de deberes, que no puedes eludir, no queda tiempo para poder esparcirme en este blog contando alguna particularidad digna de reseñar.
     
     Lo cierto es que lo de escribir lo tengo un poco paralizado. No solo no escribo en el blog, también tengo atascado el cuarto libro que he comenzado. ¿Qué es lo que me impide avanzar?: de hecho nada. El disponer de tu tiempo sin tener que dar cuenta de lo que debas o tengas que realizar, te hace ser libre de ataduras y de hacer lo que te venga en gana. 
   
     No por eso lo de escribir lo dejo de lado. Ya me vendrá la inspiración. De momento, para no perder el hilo, me dedico a leer alguna de las últimas novedades en novela negra. Ya que no lo he dicho, el cuarto libro que escribo es de este genero, bueno, más que novela negra es más bien gris.
   
     De entre los libros que han caído en mis manos están: "El guardián invisible" de Dolores Redondo; "Nadie quiere saber" de Alicia Gimenez Bartlett; "Los hombres mojados no temen la lluvia" de Juan Madrid;  "La marca del meridiano" de Lorenzo Silva; "Peores maneras de morir" de Francisco Gonzalez Ledesma y "Sociedad negra" de Andreu Martín.

      Si tengo que decantarme por alguna de estas novelas, me quedo con: "Los hombres mojados no temen la lluvia", es la que quizás más me ha enganchado. Bueno, pero por muy grandes escritores de novela negra que sean, yo tomo partido, como no puede ser de otra manera, por las que escribe un servidor...
   
     Bromas aparte, el principal objetivo de este escrito es anunciar la fecha de representación de la obra de teatro que he escrito y dirijo, tal como comenté en una anterior entrada. El día de autos será el 6 de Junio a las 19 horas. ¡Que los hados nos sean propicios!
   
     Para muestra adjunto folleto.


   
     Siguiendo con este tono bromista y falto de modestia, ya que no todo se basa en escribir e idolatrar mis artes literarias, disfrutar también de otra de mis cualidades contemplando mi última obra pictórica. Es una replica a un cuadro de Van Gogh, y como no podía ser de otra manera, mejorado...







   Saludos a todos mis seguidores y hasta la próxima.